El día que volamos como águilas y bailamos al sol en torno al palo volador

papantla

Habíamos visto con anterioridad los magníficos voladores de Papantla conquistando las nubes y los espectadores boquiabiertos desde lo alto de su palo volador. Lo que no habíamos visto hasta entonces fue el proceso de aprendizaje que envuelve a dichos voladores desde que entran en la escuela que les convertirá en águilas del mundo.Por ello nos dirigimos al Centro Educativo Takilhsukut, escuela de voladores por excelencia. Cabe notar que el ritual de los voladores ha sido reconocido por las Naciones Unidas como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad para la Educación, la Ciencia y la Cultura. En esta escuela nos encontramos con niños de todas las edades, desde cinco años en adelante, donde sus tutores y profesores les enseñan no sólo la técnica del vuelo, sino también la lengua indígena (totonaca), las artes, la mitología, las matemáticas y demás materias.

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Fue entonces que pasamos a conocer al grupo de chicos que irán a realizar el ritual volador en exclusiva para nosotros donde nos explicaron sobre el misticismo del rito en sí mismo. En estos momentos, los muchachos tienen un semblante serio, concentrado, posiblemente imaginando en su interior la estructura de este ritual conjunto. Se forman en línea y en cuanto la música empieza salen en busca del árbol volador para deleitarnos con las danzas iniciales y el alegre sonido de la flauta de uno de los voladores que es músico y danzante.

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Lalo, el músico-danzante de nuestro ritual (que aparece el primero en la siguiente foto) nos explica más tarde cómo hace un año un grupo de voladores de la escuela de la que él formaba parte fueron invitados al festival Glastonbury (el más grande de todo Reino Unido).

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Era la primera vez para Lalo que viaja fuera de su país, a otro lugar donde todo desde el clima, la comida, el lenguaje…. era diferente. “Esta fue también la primera vez que tomé el rol de músico-danzante” nos cuenta Lalo esbozando una sonrisa, “fue en el último momento, antes de empezar el rito, cuando mis compañeros decidieron que iba a ser yo. Mire a mi alrededor y no pude negarme, pero admitiré que no pude evitar ponerme un poco nervioso.. ¡Nuca antes habíamos vivido tanta expectación por nuestro vuelo!”. Sin duda Lalo mantiene un vivo y cálido recuerdo de esta experiencia, le llamó mucho la atención la amabilidad de la gente en festival, la expectación generada y en general la buena vibra que el grupo de jóvenes voladores ocasionaron en medio de este multitudinario evento con su ritual pre-hispánico.

 

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